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EL VINO NOBLE, EL CODIGO DE CIRCULACIÓN Y SUS SECUELAS PROFESIONALES.

 

EL VINO NOBLE, EL CODIGO DE CIRCULACIÓN Y SUS SECUELAS  PROFESIONALES.

 

By Joseph Puig    (3 de Marzo del 2.012)

 

 

Iré directamente al grano: No es solamente el señor entrenador del Real Madrid quien anda liado con los porqués de marras.  En definitiva creo sinceramente que, mal me pese,  Mourinho  somos todos.

 

¿Por qué?

 

¿Por qué se nos trata a los vitivinicultores de una forma tan pueril y banal?

 

¿Por qué no se nos tiene  en cuenta los sacrificios que tenemos que hacer, tanto para producir y luego para vender?

 

Y obramos así porqué nadie nos trae nada a casa. Siempre tenemos que salir, sea al campo a la bodega, aguardando las inclemencias del tiempo, los excesos, los contratiempos, las enfermedades de la vid,  etc.

 

Y por si fuera poco, encima tenemos que salir a vender nuestras botellas  por estos mundos de Dios continuamente mediante vehículo de cuatro ruedas pegado al asfalto sin cesar como si fuese este la continuación de nuestro propio cuerpo.

 

Y aquí, es cuando empieza de verdad nuestro verdadero calvario, nuestro vía crucis, pues nos vemos obligados a salir de nuestro hábitat que es el que nos gusta: adheridos  a la tierra que nos vio nacer y  crecer. Pero al tener que desplazarnos de nuestro lugar no por ello nos quejamos de que  sea  por el coche,  por la gasolina que gastamos, ni tampoco por temor a tener accidentes, no. Nuestro calvario único en la carretera es encontrarnos con los “mossos” u otros uniformados con gorra y todo para poder “trincarnos”

 

¿Por qué?

 

Pues porqué, lo primero que hacen es clavarnos el bufómetro en los mismísimos morros- boca, con sonrisa pícara de niño pintada en la cara, para ver si das positivo en sus incomprensibles “baremos”. ¿Tienen ya en cuenta que, sin beber, las bacterias que están en nuestro intestino pueden producir por si solitas 40 grs. de alcohol puro?

 

Y, para saber las bondades que conlleva el vino, los de arriba tendrían que leer el libro “La Médecine Par Le Vin” del doctor Maury libro que supongo no les interesará ni por todo el oro del mundo.

 

Antes no había “baremos”, luego vino un gramo, después 0.75, más adelante 0,50, ahora en el momento actual 0,25. Pero nosotros, los viticultores, continuamos siendo los mismos desde que nacimos. Jamás en mi vida he visto yo a un vitivinicultor ebrio de vino o incapaz de conducir. Ni creo que nunca lo vea.

 

Los vendedores y productores de vino conscientes, cuando van a vender vino, deben probarlo frente al cliente y convencerlo que lo suyo es un producto excepcional, auténtico y sobre todo natural. No puede uno negarse por temor a la alcoholemia a probar su propio elaborado, pues si así fuese, el futuro cliente entendería que el vino no debe ser bueno y aún menos si el vendedor no osa catarlo.  Y claro, con este panorama hostil,  lógicamente, no lo compraría.  

 

Ya que esta operación básica de venta, según como, se puede realizar unas veinte veces diarias y la mecánica el vendedor o productor, siempre es la misma: Con suma profesionalidad, huele el vino, lo cata en la boca, pero luego lo escupe en cualquier  escupidera, sin injerir una sola gota (que más quisiera él!).

 

Pero por lo visto, el aroma, o alguna gota injerida involuntariamente, algo tendrá que ver con los “baremos” de los uniformados. Seguro.  Y así pasan los días de “pánico y rosas” para el pobre vendedor ambulante.

 

Y de repente, nos entra el pánico, esta vez sin rosas, pues de sobra sabemos que al poner el vehículo en marcha, nos acechará o perseguirá el coco de turno para poder trincarnos otra vez, como si fuésemos delincuentes. Y estamos siempre de los nervios.

 

¿Por qué?

 

Hay días que el buen oficio nos lleva incluso a degustar 25 vinos… ¿Qué debemos hacer?¿no preocuparnos más de nuestro negocio?¿cerrar la boutique? Porqué  claro, casi resultaría imposible para el más pintado, salir de una degustación,  coger el vehículo para llegar a casa, ser interceptado por los funcionarios de turno y no dar positivo en alcoholemia de vino… Quizás sería una buena idea, digo yo, que la administración, que por lo visto en este momento salen ya los brotes verdes y le sobran euros, pues que nos asignaran un chófer para que por lo menos nos conduzca a casa. Aunque, solamente sería para cumplir el expediente, ya que el catador profesional  puede regresar a su casa perfectamente.

 

Y así se acabaría el conflicto y nuestro negocio, podría volver a funcionar, al igual que nuestro reposo intelectual.

 

Sin embargo, después de las susodichas degustaciones, un profesional generacional, acostumbrado desde la mediana edad a degustar vino, es imposible que por este motivo, aunque el sujeto dé la alcoholemia cifrada por el Gobierno, tenga un accidente provocado por el. No, de verdad que no.

 

La uva se convierte en alcohol de forma natural y esporádica (los destilados de alta graduación, no) sin la ayuda de nadie. La creación le proveyó de fermentos, bacterias, levaduras y otros para que el vino fuese autónomo; o sea, creado por si mismo. Y esto es muy significativo.

 

Y si se además si en un gesto de generosidad se quiere comprobar si la tal alcoholemia proviene del vino o de otras mezclas de alcohol, sería muy fácil analizarlos rápidamente con un cromatógrafo de bolsillo, y se vería claramente siempre daría negativo. Pero, claro, a alguien  no le debe interesar para ahorrarse trabajo y así andamos.

 

Si como leído en alguna que otra noticia mediática, un bufómetro puede incluso  detectar el consumo de drogas, con expresión de que variedad, por qué no hacerlo con el alcohol para saber si se trata de alcohol natural o artificial?

 

Que no! que no es lo mismo el calor que nos proporciona el sol que la calefacción industrial que disponemos en las casas particulares o en las empresas; que no, que no es lo mismo el frío natural del invierno, que la refrigeración industrial; que no, que no es lo mismo el agua que cae del cielo, que el agua manipulada que disponemos en la tierra.  Etc.

 

Que no, que no! ¿Tan difícil resulta entender esto?

 

Otra solución, que sería eterna, para los viticultores, en el sentido de  poder  ir tranquilos por el mundo del asfalto, sería que por la morfología natural de la uva y del vino se nos segregara de los del “alcohol” sano y noble, del gremio del alcohol “heavy”, o sea procedente de destilaciones y por consiguiente de alto grado alcohólico, al igual que en otro orden de cosas les pasó a los hongos y las setas, tiempo ha.

 

Al no tratarse estos hongos (soy micólogo por afición) ni de un animal, ni un vegetal ni un mineral, aunque si de seres saprófitos o parásitos o también micorrízicos y sin posibilidad de sintetizar la fotosíntesis, los humanos tuvieron que buscarle otro reino, ya que no lo podían agrupar con ninguno de los otros reinos. Le crearon para el solito: “el reino de los fungí” creo que porqué antes entre otras cosas había menos funcionariado y las cosas se veían más claras y transparentes.

 

Otro detalle sería que para facilitar nuestra labor profesional,  nos proveyeran a estos desorientados profesionales de un carnet especial con descuento de puntos o lo que sea para poder  evitar este tipo de agresiones oficiales. Pero la opción buena continua siendo la de la segregación de paquetes; es decir vinos por un lado y destilados por otro. Sabemos que la ley es la ley, pero nadie es perfecto, empezando por quienes la legislan.

 

I repito, el viticultor no se emborracha con vino, porqué el buen vino, bebido con moderación  no crea problemas de alcoholemia, sino más bien lo contrario: Culturiza.

 

En Canarias en un arranque de cordura, jueces, alcaldes, policias, etc. decidieron que durante los carnavales no  comprobarían tasas de alcoholemia en controles, a menos que no ocurriese un accidente.  Por qué no se procede así durante todo el año?  ¿Que diferencia tiene un Carnaval, donde se disfruta de lo lindo, ocio incluído, con una degustación profesional de vino impartida por los propios viticultores para ganarse el pan de cada día?? ¿Tan anormal es tener sentido común?

 

Aunque claro, ¿Quién se lo explica a los talibanes de turno para que lo entiendan?

 

No seré yo. Deberíamos ser todos los viticultores juntos.

 

Además, pienso que lo que deberían darnos a todos los viticultores/vendedores es un título tal como hacen en Suiza con los investigadores de la alta relojería…

 

¿Masters of Complications?

 

 

Por ultimo, ¿se ha pensado en  los  perjuicios que estas tonterías están perjudicando a los restaurantes y otros establecimientos, aparte de disminuir el consumo general del noble líquido “Urbi et Orbi”?  

 

 

 

 

 

Post Scriptum:

 

Por servidor y por los motivos profesionales anteriormente explicados, dar alto en alcoholemia según el bufómetro, después de una degustación social de unos diez vinos, en un control el pasado mes de Junio, yendo muy tranquilo y dicharachero por la labor cultural realizada entre clientes, me confiscaron el coche por seis horas y a mi incluido, y es  ahora en el mes de Febrero que he ido al juicio (enterándome de que lo que yo había cometido no es una falta, sino un delito!).  Resultado: un año sin C.C. y tres meses de servicios a la comunidad, que al final esto último quedó en una multa de seiscientos euros. Ser o no ser, esta es la cuestión.

 

La pregunta es: ¿Y ahora que hago yo?  ¿Como dice Hessel? ¿Indignémonos?

 

Claro que podemos hacerlo ¿pero de que nos va a servir?

 

Y…. ¿Por qué?

 

De todas maneras, guste o no guste lo que escribo, la polémica está servida… ¿Solución?

 

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