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EL DISTRIBUIDOR DE VINOS UNIDIMENSIONAL. by Joseph Puig

EL D.D.V. UNIDIMENSIONAL  by Joseph Puig

-Mayo del 2013-

 

 

“Vuelvo a hurgar, casi sin querer queriendo, en el mundo práctico y pragmático del vino en rápidos sketches vitales que a la fin y al cabo, no dejan de ser vivencias mías durante el transcurso de mi dilatada vida vitivinícola. Se trata de romper otra lanza a favor del vino por enésima vez y aseguro que nunca me cansaré”

 

El distribuidor de vino unidimensional es aquel que sueña, camina, piensa y actúa en una sola dirección, caiga quien caiga; no hay vuelta de hoja, no.

 

Yo conozco a algunos, en todo el mundo habido y por haber (no solamente en Spain, no)  aunque no se puede generalizar –esto si que no-,  pero ellos están siempre ahí en el mercado vitivinícola por casualidad y casi nadie sabe demasiado bien el por que,  confundiendo sin ninguna razón lógica, al importador, al proveedor, al viticultor, al cliente e incluso osan errar ellos mismos en sus predicamentos comerciales. Hay que ver… Son, en realidad unos sátrapas jacobinos, lo cual a estas alturas no está demasiado bien visto.

 

Disfrutan hablando mucho de las cosas (y de los vinos), cuando menos las entienden, y nadie, ningún vendedor, osa pararles los pies, pues  va en juego lo de siempre: el desasosiego del comercial de turno por temer que el unidimensional no les compre y esto impide que  la relación comercial, que como he dicho muchísimas veces debe ser fluida e inteligente, sobre todo entre el viticultor, el proveedor el distribuidor y el cliente.  Y, de repente, deja de serlo. Aunque no debería ser así.

 

No deberíamos por nada del mundo rendirnos moralmente ni tener miedo a pesar de que el susodicho distribuidor de turno, no nos compre por falta de entendimiento comercial. El sabrá, nosotros también debemos saberlo y actuar con la mayor libertad, llevándole la contraria cuando toque, y saber decir las cosas con elegancia y diplomacia, pero tal cual son; la dictadura, ya se acabó hace años. Y si no compran, pues que no compren Y cada cual a lo suyo. Hay tantísimas personas en el mundo a quienes ofrecer nuestros productos… Imposible contactar con todas, por lo que, creo que estos personajes son media gota de agua en el mar de la comercialización.

 

No tendremos que pagar ningún precio por nuestra actuación.  Estos sátrapas disfrutan mucho cuando todo el mundo les da la razón a expensas de los oyentes; y claro, aquellos se van acostumbrando a ello, mientras sus coterráneos de negocio, cuando se ha disuelto el monólogo en grupo (hay que ver: monólogo en grupo!),  irremisiblemente se parten de risa a sus espaldas. Pero por lo visto al unidimensional, “que no le quiten lo bailao”  piensa él,  por lo que su falsa imagen se engrandece hipócrita y  artificialmente cuyo único testigo, lógicamente es como siempre, su propio careto.

 

No me extrañaría demasiado que cuando se levantan por la mañana no tan matutina como ellos mismos creen, seguramente que se plantan delante del espejo y lo saludan diciéndole mentalmente: estoy encantado de haberme conocido y claro, el espejo, como también sabe mentir (recuérdese el cuento de la Blancanieves)  en vez de romperse de vergüenza, el pobre va y les da la razón.

 

Y así andan las cosas en casa del unidimensional.

 

Son los que más saben de vino y de su cultura, y de verdad que se lo creen. Tienen un discurso también unidimensional, claro está,  pre-establecido (que es siempre el mismo, y lo usan  desde cuando hicieron la primera comunión, sin variarlo un ápice). Si se les pide que describan un vino, cualquier vino, siempre sueltan el mismo rollo prepotente y patatero: este vino es de capa baja, mucha (o poca) frambuesa, no obstante, relleno de tartratos por todas partes, tiene pocos triglicéridos (¿), le sobran antocianos  pero les falta algo de diacetil,  el HDL bastante mediocre, un  vino con un PH elevadísimo o bajísimo, tanto les da pues no saben ni lo que es ( hay que tener siempre en cuenta que lo que ellos quieren es impresionar al pobre futuro cliente), una materia reductora increíble (yo me pregunto si buena o mala) y también lleno de proteínas (de las buenas, claro)en resumidas cuentas un verdadero desastre…

 

La anosmia y las papilas gustativas escaldadas (no por el noble vino, claro) a través de los años han hecho una gran mella en ellos.

 

Ellos, los unidimensionales, nunca encuentran bueno un vino nuevo en el mercado, aunque sea estupendo; ellos solamente aplauden y dejan bien las marcas insignias más conocidas, ya que por el momento no se atreven aún a criticar las susodichas (por temor) que quien más quien menos, puntúa bien  y tienen en buena consideración. . Al tiempo.

 

No saben. Son incapaces de decir la verdad y tampoco de describir vinos de forma espontánea. No les sale nada, están atascados y vuelven al mismo rollo de la capa baja, la cereza picota y a las enaguas de monja recién almidonadas. O sea, que están anclados en el pasado,  concretamente en el Jurásico diría yo, pobre de mí.

 

Son unos campeones mercantiles, cuando de devolver cajas de vino a proveedores se trata. Es decir, si un vino comprado por ellos, por el motivo que sea, no rota lo que él de turno había previsto (de todas maneras, siempre suele ser culpa de ellos,  por no haber hecho acciones de venta correctas, por haberse pasado de añada, por haber comprado demasiado, etc. etc.) llaman al sufrido  proveedor, le aúllan por teléfono sin ninguna educación y encima les devuelven las cajas, que deberá ir a buscar el propio proveedor a su almacén, con todo el gasto que esto supone!  Así es.

 

No saben ni aprenderán nunca, por falta de sensibilidad que a un proveedor, por ética comercial,  no se le puede devolver una partida de vino  al cabo de un año de haberla  adquirido, sea por el motivo que sea. Es un golpe bajo, poco urbano, incívico, de falta  de profesionalidad y de humanidad, totalmente incomprensible y de falta de tacto. Por lo menos podrían ellos, los sátrapas,  en el peor de los casos, devolverlo a su origen y  correr con el transporte. Ni eso.

 

Pero cuando el caso es al revés, es decir que algún que otro cliente del hombre unidimensional les devuelva algunas botellas, por los mismos motivos o conceptos, entonces no se andan con tantos remilgos y puede sucede al revés, que se cabrean, hablan pestes de los clientes (quienes les dan la vida) y les ponen pegas y obstáculos a discreción. Así es.

 

No escuchan a nadie para nada, ni se les puede ayudar aconsejándoles,  pues ellos  no escuchan, por lo tanto no oyen,  ni tampoco ven la situación del mercado vitivinícola que con los problemas actuales que hay,  este y todos los mercados que pueden haber en el mundo, son mutantes a diario, por no decir incluso a cada hora.  No paran de hablar de sus grandezas y si se les da por hablar de vinos extranjeros, entonces es cuando más perdidos están, cayendo en un fantasmagórico ridículo, por cuanto no saben medir ni sus palabras, ni  tan siquiera sus pobres y  vagos conocimientos.

 

Es una verdadera lástima ya que si escucharan más y hablasen menos, por lo menos podrían  aprender y luego divulgar a sus  clientes para su  propio interés; es que es la mar de fácil, pero ellos buscan el camino más difícil más autocrático y laberíntico, un tiempo perdido, sin visibles resultados, que jamás recuperarán. Así es.

 

A decir verdad y de forma positiva, estos personajes compran y normalmente pagan sus facturas (sino que dirán los colegas ya que en este mundillo todo se sabe…?), no de forma regular pero será hasta que el chollo les dure; cuando las cosas se ponen feas,   para su negocio, (que es el caso actual) que por sus grandiosidades ficticias han  descuidado de forma progresiva, es entonces cuando se escabullen cambiando de razón social, buscando socios nuevos, de proveedores  e incluso de clientes… Cuando los que en realidad deberían cambiar, son ellos mismos.  Jamás aprenderán.

 

A mi personalmente, me gustaría que estos unidimensionales sin orejas, se enmendaran, progresaran en sus conocimientos,  fuesen más humildes y por último que se centraran en los otros, no en ellos mismos. Seguro que les cambiaría todo su universo.

 

Pero lo que sucede es que la estupidez no puede viajar demasiado tiempo de incógnito. Así es.

 

Ánimo, queda poco tiempo ya que  la vida es frágil y corta!

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